¿De dónde venimos?

martes 14 de julio de 2009

Una tía con suerte.

A veces siento vergüenza por no haberme dado cuenta de lo afortunada que soy. Evidentemente, siempre cabe aquello de que siempre hay alguien peor que tú, pero en mi caso no es eso. Soy una persona realmente afortunada, una tía con suerte. Está claro que no puedo tenerlo todo, pero de todas las cosas que considero valiosas, tengo la mayoría.

Tengo salud, amor, una familia que me quiere, éxito en los estudios, un techo, comida, ropa, e incluso algunos caprichos, quizá demasiados. Puedo vivir mi día a día sin demasiada incertidumbre, o al menos ésta no alcanza niveles demasiado altos. Es cierto que no hay vida sin preocupaciones, pero las mías no son cuestión de vida o muerte. Pero hoy no es eso lo que me ha hecho sentirme estúpida.

Hoy, mientras fumaba un purito, cortesía de mi amiga Raquel, con ella y con mi novio en la terraza de la cafetería de la facultad, y mientras hablábamos de temas familiares, me he dado cuenta de lo poco que he reparado, hasta un momento relativamente cercano en el tiempo, en mi padre.

Resulta que mi padre nunca ha sido uno de esos hombres manifiestamente cariñosos, ni de muchas palabras. Quizá por eso hasta hace un par de años no he sabido valorar y apreciar el papel que él ha jugado en mi vida, y juega, y que espero que juegue por mucho tiempo. He aprendido a ver que tras sus severas normas se escondía un afán de mantenerme en el buen camino, que tras sus silencios se escondía un profundo orgullo y amor hacia sus hijos, que tras sus gestos neutros y hasta distantes se escondían las más dulces caricias que un padre puede hacer a sus hijos.

Sé, a pesar de sus silencios, que la preocupación más grande de mi padre siempre ha sido su familia, y por familia me refiero a su mujer y a sus hijos, porque mi padre ha sido capaz de dar la espalda a quien sea que haya ido más lejos de lo debido con nosotros. Sé que habría dado su vida, como de hecho lo ha hecho, por nosotros. No hace falta morir para hacerlo: cada suspiro, cada aliento, ha sido por nosotros. Cada hora al sol trabajando, cada segundo lejos de su familia ha sido por nosotros.

Nunca me ha faltado su apoyo, nunca su vigilancia desde la distancia. Verdaderamente, tengo mucha suerte.

lunes 6 de julio de 2009

Jazz Bar clandestino.

La ví desde el escenario. Me miraba, escondida tras un vaso de martini. Debo admitir que me estremecí cuando ví aquellos ojos negros enmarcados en aquellas pestañas eternas, pero eso fue sólo el principio. Estaba terminando de cantar Feeling good cuando me sonrió. Aquellos labios rojos se abrieron para sonreirme. No pude evitar desafinar. Por suerte, algunos habían empezado ya a aplaudir y no se notó demasiado.

Salí, dispuesta a tomarme unas copas bien merecidas en la barra, con Jimmy, mi pianista. A decir, era el único de la orquesta con el que podía pasar el rato. Los demás eran imbéciles. O al menos a mí me lo parecía.

Jimmy estaba triste. Su novio se había largado del apartamento hacía unos días y no había vuelto a saber de él. En estos casos no sabes que pensar. Lo menos malo es que te haya dejado. Lo más malo, que lo hayan apalizado por marica. Entonces se acercó. Supongo que Jimmy debió molestarse en el momento, cuando dejé de escucharle, hipnotizada por ella. Luego debió pasársele, no me dijo nada. Supongo que supo concederme el deseo de gozar de una de esas oportunidades que se te presentan pocas veces en la vida. Sobre todo si eres uno de nosotros.

sábado 4 de julio de 2009

Palabras.

Dicen que las palabras tienen más poder del que nadie imagina. Pueden consolar, dañar, esconder, y hasta decir la verdad, o eso se cree.

Las palabras para la gente como yo lo son todo. Son la imágen de nuestra alma. Y son en realidad una manera un poco cobarde de desnudarse. Deshacerse en palabras es poner un biombo. Y sin embargo, a veces no hay otra manera mejor de hacerlo.

Dicen que las palabras se las lleva el viento. Pero a veces hay palabras que quedan grabadas, aunque no nos demos cuenta. Y de repente, sin saber cómo, ni por qué, aparecen, son rescatadas del olvido. Y a pesar de lo que podríamos creer, todavía dicen algo, aunque su sonido sea lejano y roto.

viernes 3 de julio de 2009

Exámenes.

Esquema de los estados mentales/emocionales que he atravesado en este último mes y medio.

A) Momento: dos semanas antes de acabar las clases hasta el comienzo de periodo de exámenes.
1. Mosca detrás de la oreja... los exámenes están encima y ni te has dao cuenta.
2. Comentarios entre compañeros.... "Ya queda poco para exámenes". Estrés en aumento.
3. Te preguntan: ¿has empezado con...? Claro que no has empezado. Más estrés.
4. Última semana de clases. Vas valorando los tochos de apuntes que tienes. Estrés tocando el límite.
5. Vas finalizando las clases. Los profesores te recuerdan que ya estás camino del patíbulo con el típico: "Nos vemos en el exámen". Algunos lo aderezan con el simpático "Y si no es así, feliz verano". Cuando dicen eso piensan liártela bien. Comienzas a desesperarte.
6. Miras las fecha de exámenes definitivas. ¿Cómo coño han cambiado la fecha de este exámen? ¡¡¡Ahora me coincide con este otro, el mismo día!!! Cabreo mayúsculo, insultos a los padres fundadores de la UV, estrés y dudas.
7. Deliberaciones y valoraciones varias sobre cómo organizarte el estudio. Decisiones difíciles como qué hacer con esas dos asignaturas que tienen la misma fecha de examen. Planificación mental de un calendario - que luego nunca cumples...

B) Comienzo del período de exámenes.
1. Tomas la determinación : voy a ponerme.
2. Exámen de los apuntes: a ver, cuántas hojas hay..... 70??? ¿Cómo he podido copiar tanto?. Pánico.
3. Va, si no me pongo no lo acabo. Comienzas a pasar los apuntes. Presión en el pecho y dolor de cabeza instantáneos. Sequedad ocular.
4. Voy a mirar el Facebook un rato, para despejarme... Echas una partida al Biotronic, otra al Typing Maniac, otra al Chain, dejas comentarios varios, etc.
5. Voy a mirar el Tuenti también... y ya de paso el Youtube, el foro del pueblo, el otro foro del pueblo, a ver que hay en Ebay, ... (puntos 4 y 5 se repiten con una frecuencia de entre 20 y 60 minutos durante todo el tiempo de estudio).
6. Cabreo monumental contigo mismo. ¡¡Joder, es que no puedes ponerte en serio!! Va, venga, ya lo hago. Responsabilidad momentánea, y cierto sentido de culpabilidad.
7. Acabas de pasar los apuntes dos días antes del examen, por la noche, dos días más tarde de lo previsto, con lo que, en lugar de tres días para estudiar tienes uno. Desesperación, y sentimiento de motivación - por instinto de supervivencia, nada más.
8. Motivación que se desvanece, despistes definidos en los puntos 4 y 5, seguidos del punto 6.
9. Noche anterior al exámen, sobre las 11 ó 12 de la noche: estrés al límite, pánico, taquicardia. En algunos casos deriva en la negativa a presentarse al exámen. Ese, no se si por suerte o por desgracia, no es mi caso.
10. Te metes en la cama. Kant, Hume, García Bacca, Sandra Harding, o lo que sea que estés estudiando resuenan en tu cabeza y no te dejan dormir. Cuando consigues dormir sueñas con ellos. Cuando consigues que las pesadillas cesen, suena el despertador.

C) Momentos antes del exámen.
1. Técnicas de relajación: escuchas la radio, te maquillas, desayunas tranquilamente, escuchas música,...
2. Caes en la cuenta de que te queda poco tiempo. Dos posibles reacciones:
a. Nerviosismo total, intento de repasar a toda leche, como si eso fuera a salvarte la vida.
b. Pasividad total, se da todo por perdido.

D) Ante el exámen.
1. Técnicas de relajación, no importa cuales, todas fallan.
2. Dos posibles reacciones, según el estado anterior.
a. Si estabas muy nervioso, te tranquilizas un poco porque hay algunas preguntas que puedes responder... al final no saldrá tan mal...
b. Si estabas pasivo total, cuando lees las preguntas te pones como una moto. ¡¡Si lo hubieras mirado un poco más...!!!

E) Salida del exámen.
1. Intercambio de opiniones. Descubres lo que no has puesto. Y lo que tú has puesto que otros no han puesto.

F) Búsqueda de notas, que no salen hasta que no te lo esperas. Decepción o celebración, dependiendo.

...

Esto es un puto carrusel, señores.
Por suerte ya acabó....

lunes 29 de junio de 2009

12. Salir del armario.

Hoy la entrada no va propiamente de sexología en cuanto a juguetitos, prácticas sexuales y demás. Hoy, en concordancia con las fechas, la entrada va dirigida a toda esa gente que está dentro del armario, que no se atreve a salir, y a todos aquellos que quieran leerlo, porque puede que algún día os toque apoyar a alguien que haya tomado esta decisión.

Lo primero que hay que saber es que la presión social es enorme. Está bien que sobre el papel, quizá en los medios de comunicación y demás somos muy abiertos y muy tolerantes, pero a la hora de la verdad lo diferente nos aterra. Utilizo la generalización porque me refiero a la mayoría, claro está que hay quien ha sabido escapar de esa cerrazón mental, pero por desgracia, los menos. Así, salir del armario puede convertirse en toda una odisea, porque, en la mayoría de ocasiones, no sabes lo que te vas a encontrar. Si en tu grupo de amigos, familia, entorno en general, no hay ya algún/a homosexual, la incertidumbre es total, y probablemente, los primeros momentos después de quitarte la máscara sean caóticos y bastante desagradables. Por la sorpresa de todo el mundo, mas que nada.

Casos de grupos de amigos que han dejado tirada a una persona por su orientación sexual hay a mogollón. Chicos porque ya no se sienten cómodos con su amigo homosexual. Chicas, por lo mismo con su amiga lesbiana. Al final parece que los homosexuales, bisexuales y transexuales somos una especie de obsesos sexuales a los que nos gusta, indiferentemente cualquier persona, y que no podemos contener el deseo, por lo que somos tendentes a la violación de nuestros amigos. O eso, o nuestros amigos se creen tan irresistibles que no vamos a poder evitar saltar sobre ellos/as. En fin.

Luego está el tema familia. Y es que desde que naces, tus padres, tíos, abuelos y demás proyectan en tí sueños, nietos, hijos, sobrinos y en fin, te construyen una vida. Y esto es como cuando lees un libro yte haces una imágen de él. Normalmente, la película decepciona. Eso normalmente no se lo quita nadie. Y luego, además, si han sido educados de una manera estricta, en la que la homosexualidad es un pecado mortal, y además, un peligro para la cohesión social, pues apaga y vámonos. Yo diría que esta es la parte más difícil. Amigos, los encuentras en la calle, y si no te quieren como eres, pues te buscas otros. Pero familia hay la que hay. Quizá es el paso más difíci. Bueno, quizá no, seguramente.

Con esto, y sin entrar en muchos más detalles, puede verse que salir del armario es algo duro. Para ello, unos cuantos consejos.
1.- Seguro que hay alguien en quien confías. Tu hermano o hermana, tu mejor amigo, algún familiar. Si entre tus amigos o familia hay alguien gay, ya sabes por donde empezar. Y si no, pues seguramente alguien entre los que conoces sea más abierto y tolerante. Si no, vigila tus amistades. Una vez hayas encontrado a esa persona, habla con ella. Elige muy bien a esta persona, porque un rechazo en este primer punto puede quitarte las ganas de salir del armario totalmente. Y recuerda que no todo es lo que parece, y que haberte emborrachado muchas veces con una persona no os hace amigos del alma.
2.- Busca una asociación o colectivo LGBT (Lesbians, Gays, Bisexuales y Transexuales) en tu ciudad o busca la manera de contactar con ellos de la manera que sea. Ahí encontrarás gente en tu misma situación, o que ya la ha pasado, y obtendrás, por una parte, consejos, y por otra apoyo y un nuevo círculo de conocidos, que nunca viene mal, por si hay un cataclismo con los amigos de siempre.
3.- Piénsalo mucho antes de salir del armario. No es que sea algo malo, pero tienes que estar muy seguro de tí mismo para afrontar lo que se te pueda venir encima. Tu puedes, claro que sí, pero tienes que estar preparado/a.
4.- Cuidado con la familia. Hay que estar muy seguro, sobre todo porque en casos extremos pueden hacerte la vida imposible. Definitivamente, no dejes que lo hagan, pero calcula bien tu situación familiar, nadie la conoce mejor que tú, y después, evalúa hasta qué punto estás dispuesto a aguantar con la máscara, o si no tienes por qué hacerlo.
5.- Ante todo, cuando te decidas a contarlo, a gritarlo, NO DRAMATICES. Nadie se va a creer que tu inclinación sexual es algo normal si tú mismo lo presentas como un drama. Simplemente eres homosexual, y punto. No hay motivos para llorar, o para sentirse mal. Lo primero es aceptarse, saber que no hay nada de malo o extraño en tener una inclinación sexual u otra, y transmitirlo así.

Espero que a alguien le ayude esto. Y sinceramente, como sé lo que se siente - aunque no por experiencia propia, yo no he necesitado salir del armario, si sale el tema no me importa mostrar mi inclinación sexual, y como no le doy importancia, pues supongo que el resto de gente tampoco-, pues he tenido varios amigos a los que he acompañado en esas circunstancias, si necesitáis ayuda, recomendaciones, o simplemente hablar, dejadme un comentario y hablamos.

Ale, sed buenos y buenas, pero con moderación.