Hacía tiempo que no me sentía así, pero es tremendamente frustrante. Siempre he creído que soy una persona bastante hábil con las palabras, que se desenvuelve bien usando el lenguaje. Y aún así, hay ocasiones en las que, por más que intento poner en palabras mis pensamientos, no lo consigo. Es una sensación horrible, cuando mi mayor refugio, aquello que más me deleita, son las palabras y lo que con ellas puede decirse y construirse. Como todo lo humano, el lenguaje tiene dos características. La primera es su ambivalencia: puede servir al mejor de los fines o al mayor de los males, puede ser vehículo de la mayor felicidad imaginable o provocar el mayor de los daños, puede ser tremendamente bello, divertido, entretenido o inmensamente farragoso, aburrido, frío. La otra característica propia de todo lo humano y de la que el lenguaje no se zafa es su falibilidad: no siempre funciona; es más, hace gala de cierto don de la oportunidad mal entendido, y falla cuando más falta nos hace.
Parte de la culpa es mía, tengo que reconocerlo. O más bien, de mis pensamientos, que distan mucho de ser simples. Que conste que no considero que esto sea algo positivo, más bien todo lo contrario. A veces, ni una misma consigue entenderse, y eso es algo muy desagradable: no puedo cerrar la puerta y marcharme, siempre tengo que vivir conmigo. Y vivir con alguien a quien no entiendes puede rozar lo insoportable.
Y parte de la complejidad de estos pensamientos reside en algo que he aprendido poco a poco y a fuerza de decepciones: que la realidad no está impresa en blanco y negro, sino en escala de grises, y estoy tan convencida de ello como de que los que no son capaces de reconocer más que los blancos y negros de la imagen tienen una visión sesgada. Pero claro, organizar todas estas tonalidades es complicado, y ponerlos en palabras, un gran esfuerzo perdido, pues es imposible que las palabras lleguen a transmitirlos. Al fin y al cabo, las palabras suelen ser manchas negras sobre fondos blancos. Sin escalas de grises.
"Y vi a la derecha del que estaba sentado sobre el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos, y vi a un ángel poderoso que con gran voz pregonaba:¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?" Apocalipsis,5,1-2
domingo 21 de agosto de 2011
Mis problemas con el lenguaje y las escalas de grises.
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Dicese por estos lares llamados tierra que una persona esta con otra porque aprende a valorar sus defectos y no tanto sus virtudes, así pues aunque pensamientos complejos que tu pienses a veces que te tornas insoportable, que no te preocupe lo de si alguien te aguantara, lo haran o no.
ResponderSuprimirPero siempre estaran ahí al final del camino, de una manera u otra, en forma de fallo o de acierto, de manera que aprendistes algo o simplementes supistes que no volverias a caer en el error.
O igual son rayadas mías que no tienen nada que ver, pero como yo ya casí no escribo pues utilizo tu blog para expresarme, que cabrón que soy, yo de ti me bloquearia y dejaria de hablarme, pero como en el fondo me quieres, en el fondo de un pozo pero en algún sitio me quieres.
Sin más saluDOS y perdon el toston.