La juventud tiene sus inconvenientes, aunque con el paso del tiempo, como casi todo, esas cosas se olvidan, y te quedas con lo positivo. Hay quien dice que eso es un mecanismo para hacernos la vida más fácil. Yo creo que es una tara, porque con demasiada frecuencia la gente se olvida de lo que vivió cuando era joven, y la historia se repite. Una y otra vez.
En fin, empecemos. Hace unos días que le doy vueltas a escribir sobre esto, sobre los inconvenientes de ser joven, que no todo es jauja. Todo empezó con un incidente con una vecina a la que no llamo bruja por no ofender a esos seres berrugosos que vuelan en escoba. Pobres, verse comparados con semejante elementa...
La cosa fue más o menos así: llegamos mi novio y yo a casa después de hacer la compra. En el ascensor, tres vecinos, entre ellos la elementa. Se pusieron muy contentos al ver que no cabíamos: eramos 5 y un carro de la compra, y en el ascensor caben 4. Suben. Dos de ellos bajan en un piso intermedio y la tercera elementa sube al último piso. De repente vemos que antes de poder llamar nosotros al ascensor, éste baja. Suponemos que cuando esta mujer ha salido, alguien arriba estaba esperando para coger el ascensor.
Hasta aquí todo normal, pero cuando vemos bajar a la elementa, nos quedamos petrificados. Más que nada porque la tía estaba ahí, apoyada en el ascensor, mirándonos con cara de odio.
- ¿Pero usted no subía? - le decimos, cándida y educadamente.
- Sí, claro -dice con mala leche - ¿No me habéis llamado nosotros?
Subimos, le explicamos que no, lo que ha pasado. Pero nos comemos la bronca y varios " a ver si tenemos más paciencia". Le decimos que el ascensor no funciona del todo bien, que a veces hace ese tipo de cosas. Pero la tía sigue, sin querer echarnos la culpa explícitamente, pero dándonos la chapa como si nosotros hubiésemos llamado al ascensor. Yo me pongo bastante vehemente para que le quede clarito que no ha sido así. Pero ella se va a su casa con la sensación de que hemos intentado asesinarla con las puertas del ascensor, y yo, con la sensación de que ella se ha ido con esa sensación. Y con la sensación de que si en vez de estar nosotros abajo, hubiese habido una madre con su hijo, la cosa habría sido distinta.
Me recuerda a otra situación, hace un par de años, quizá algo más, también esperando a un ascensor. Estábamos de nuevo mi novio y yo, y además, un vecino con bastante cara de mala leche. De estos que prefieres que te atropelle un tranvía antes que él cabreado.
La cosa es que unas noches antes, en un piso, habían montado una fiesta flipante, o por lo menos, flipante era el ruido que hacía. De hecho, mi novio subió a darles un toque, porque no podíamos dormir.
Pues este vecino, sin venir a cuento, nos suelta:
- No seríais vosotros los que montaron la fiesta el jueves pasado...¿no?
Contestamos que no, medio acojonados, porque el tío lo suelta con un tono que da motivos para acojonarse. Le explicamos que estamos en una habitación alquilada en el piso de una señora bastante mayor, y que no montamos fiestas. El vecino reconoce a la señora que es nuestra casera y se relaja. Y menos mal que en este caso teníamos cohartada, porque si no...
Casos así, unos cuantos. Y ahora que lo pienso, varios de ellos tienen que ver con ascensores - ¡qué curioso! La cosa es que si eres joven, no eres digno de confianza, y te la cargas siempre. Cosa absurda, porque las personas más tocapelotas que conozco, tienen de 60 años para arriba, así que...
3 abrieron el libro...:
Es que un ascensor es el sitio perfecto para una emboscada...
;)
ehem ehem... mira lo que me he encontrado! :)
Y en estos momentos es cuando me da por pensar que a esta gente hay que buscarle urgentemente un hobby, ya que ser tan alcahueto no es ni medio normal.
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