Últimamente me pasa relativamente a menudo que tengo la sensación de ser una persona de segunda clase en diferentes ámbitos.
Nunca me he sentido menos que nadie por tener menos dinero. Por suerte, y sí, lo digo tal cual, me he criado en el seno de una familia humilde, trabajadora, y he aprendido que las cosas cuestan y las personas valen. Por eso no he sentido nunca que mi valor disminuyese un ápice por no tener una Barbie, o un coche, o un ordenador último modelo.
Sin embargo, últimamente me siento extraña. Me siento como una especie de anciana avara que no come para no comprar o algo por el estilo. Y no es que no quiera gastarme dinero, es que no puedo, porque no lo tengo (ojalá más gente tuviera esta mentalidad).
Que nadie me malinterprete y empiece a sentir una pena desgarradora por mí. Puedo comer, vestir adecuadamente (más o menos, que nunca he sido yo muy buena vistiendo), y disfruto de ciertas comodidades, como una conexión a Internet que me permite informarme y comunicarme con otras personas. Sin embargo, hoy por hoy, y en mi situación, hay prioridades.
Hoy me han dicho que era impensable que no conociese Barcelona. Que se trata de una ciudad preciosa. Y que es muy accesible. Que me puedo coger un Euromed por la mañana y volver por la noche en el último, y pasar el día visitando diferentes monumentos y zonas emblemáticas de la ciudad condal. El billete de Euromed Valencia-Barcelona cuesta alrededor de 44 euros. Son casi 100 euros en un día. Too much pal body.
Y la persona que me lo ha sugerido no tenía maldad, en absoluto. Pero a medida que se ha puesto a hablar he empezado a ser consciente de que no estábamos al mismo nivel. Que hay cosas que hoy por hoy no puedo hacer, y que eso me pone límites. Cosas que no he hecho. Experiencias que no he vivido. Lugares que no he visitado. No me avergüenzo de mis circunstancias. Tengo en la vida lo que he podido conseguir, ni más ni menos. Pero el hecho de que se de por sentado que todo el mundo está a ese nivel es cuanto menos, curioso. Sobre todo, con la que está cayendo.
"Y vi a la derecha del que estaba sentado sobre el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos, y vi a un ángel poderoso que con gran voz pregonaba:¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?" Apocalipsis,5,1-2
viernes 27 de enero de 2012
De segunda (o tercera)
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No se quien te habra dicho eso, pero es un snob de mierda...
ResponderSuprimir